Luz, movimiento, voz y orquesta

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El carismático maestro español Josep Vicent es el encargado de tomar la batuta de la Orquesta Sinfónica de Chile en el ciclo “Luz, movimiento, voz y orquesta”, iniciado el pasado viernes 28 de agosto, el que se extenderá hasta sábado 12 de septiembre en el Centro de las Artes 660 /CA660.

El Amor Brujo, de Manuel de Falla, y la Sinfonía N°3, Divino Poema, fueron las obras con que se abrió esta serie de conciertos, que continuarán el 4 y 5 de septiembre con Sinfonía N°2, de Michael Nyman e Invocation, de Gustav Holst, donde se sumará además la presencia del solista Emmanuel Bleuse en el violonchelo. El programa culminará con Petrouchka, de Igor Stravinsky.
En tanto, para el 11 y 12 de septiembre se presentará el clásico Bolero, de Maurice Ravel; Rhapsody in blue, de George Gershwin, con el pianista español Ricardo Descalzo; y Poema del fuego Prometeo, de Scriabin, donde el talentoso pianista Luis Alberto Latorre actuará como solista.

El director invitado se mostró feliz de dirigir nuevamente a la Sinfónica de Chile, a la vez que comentó la programación preparada para esta ocasión.

Ya ha tomado la batuta de la Sinfónica de Chile en varias ocasiones. ¿Cuál es su apreciación de la Orquesta? ¿Qué significa para usted volver a dirigirla?
Es una de las orquestas que más energía positiva me da y que más valentía me genera a la hora de programar, porque ya hemos vivido experiencias muy increíbles, hemos hecho repertorios absolutamente transversales, desde Bach hasta Berio, pasando por muchos territorios, y siempre he tenido la sensación de que es una orquesta dúctil y con una enorme respuesta emocional al respecto.

“Estoy absolutamente feliz de estar aquí otra vez y siempre que he venido ha sido con proyectos extensos y con semanas intensas de trabajo, como esta vez.
Les veo en un camino fantástico de crecimiento y de evolución, ahora me doy cuenta incluso que hay una renovación, algunas caras jóvenes apoyando y eso se nota en la energía del colectivo.”

En el ciclo que viene a dirigir se presentan obras bastante conocidas por el público como también algunos estrenos.

Eso está hecho así estratégicamente, porque hay obras que para presentarlas a la gente necesitan tener una puerta de acceso a ellas, si no les parecen demasiado sorprendentes. Entonces está programado para que unas obras sirvan de reclamo a otras, y para que también en el concierto se produzca un equilibrio entre el viaje de la experimentación y el placer de recrear algo que ya conoces. Pero todas las obras tienen un gran contenido místico estas semanas y tienen un enorme contenido emotivo, todas ellas piensan de algún modo en esa búsqueda de la sublimidad que tiene el ser humano.

Incluso las obras que podríamos catalogar como más “intelectuales”, como podrían ser las de Stravinsky o Scriabin, son partituras que tienen mucha piel, que se escuchan desde el corazón.
La verdad es que son tres semanas ambiciosas. Además, vamos a tener un diseño de luces especial para “Prometeo”, junto con solistas excepcionales.